domingo, 29 de agosto de 2010

MUY PRONTO LA SEGUNDA NOVELA



EDICIONES DE LAS TRES LAGUNAS publicará "DETRÁS DE LOS ÁRBOLES DORADOS"

La tapa es la foto de un cuadro de mi amiga María Antonia Franco que ella nombró: "ESTALLIDO DE MUJER"

FRAGMENTO:

"...Decime algo, Daniel, ¿adónde estás, mi amor, por qué solo venís en sueños, adónde quedó la promesa del primer día?, dije con aliento débil para que mi hijo que dormía no escuchara. Esa mañana me volvían las contradicciones y las dudas con una fuerza antigua.
¿Adónde estás?, repetí buscándolo a mi alrededor. Escuché el ronquido de Midbar contra el silencio intenso y diferente.
Me pregunté si habría llegado el momento de irse, la intuición lo repetía.
“... prestar atención a las situaciones poco habituales...”, había remarcado Lila en el encuentro del sábado. La vida diaria era en sí misma “una situación poco habitual”, pero ya hecha costumbre. ¿Sería escaparse el éxodo del que se hablaba? ¿Cuál es el significado de “crear la vida de otra manera”? Está claro que algo importante viene ocurriendo, los pensamientos, las emociones, ahora muchos hablamos de los seres espirituales, de los destinos posibles caminando paralelos...
Con el grupo meditarmos, casi todos reciben imágenes o avisos, Dani, vos entenderías... , ¿o es que el asunto no está en entender sino en sentir?, yo siempre espero más que las lágrimas subiéndome desde el estómago, lo que sí me pasa es la certeza de que estás vivo. Me basta con mirar los fresnos de Mariana poniéndose dorados con solo fijar los ojos en ellos y saber que estás¿te acordás de los mates con tortitas negras en verano? Midbar escribe en tu cuaderno y no me deja ver ni un renglón. Yo tampoco le permito leer lo mío, no lo hago muy bien, igual me gusta. Con este hijo que vino de la nada en el momento más doloroso de mi vida, empezaron las cosas raras, mi escritura en secreto, un poco de olvido de las rabias que te hacían enojar, un poco de olvido de mi ansiedad por tener más de todo que, sin variante, me dejaba infeliz, atada a lo vacío. Te lo dije en el primer encuentro aquella tarde en El Roble, no sé por qué pude confiar en vos sin conocerte. Me dijiste que nunca me dejarías...
Como cada día de los últimos años, calenté el agua y la puse en la palangana, sin el calefón es engorroso bañarse. De pasada miré a mi nene, el grandote ya ocupa toda la cama. Midbar es un lindo chico. Para los catorce, la próxima Navidad, le voy a hacer una fiesta; qué sé yo adónde estaremos. No sé si hubieses querido un adoptado, los hijos así son distintos de uno; dice Lila que los propios también, ella no tiene y sabe, insiste en que cuando crecen uno los desconoce porque se separan, “se van a la vida” se la pasa repitiendo Lila que ve muchas cosas en las meditaciones, yo menos que todos.¿Será que no estoy lista?
Preparé la mesa del desayuno, eché un vistazo al teléfono que no funcionaba y puse el reloj en la mochila.
Aquella Nochebuena llegó Midbar, como si hubiese salido del cerro, dijo el pediatra que tendría cuatro años, seguro que las estrellas brillaban más y vos sí las hubieras apreciado, yo ni miré para arriba, vivía concentrada en sentirme mal porque te habías ido sin decir adónde, y Midbar sonreía hecho un rulo entre las sábanas, y yo quería que no hubiese aparecido. La noche de Navidad él me mostró el cerro iluminado como nunca y casi no me importó, desaproveché momentos preciosos... Hoy tengo miedo de verdad, tal vez por eso te digo esto que a lo mejor ya te lo conté, es miedo de lo que va a venir, de la incertidumbre, terror de no verte más...Midbar quiere que confíe...
Mariana y mis viejos se cansaron de decirme que él es una señal, yo antes no escuchaba. Ahora creo. Es un pibe maravilloso, sabe de todo. Cuando empezó la primaria la maestra puso en la evaluación que parecía de otro mundo por lo bueno, capaz de sentir a los demás. Aquella vez que le dio las zapatillas al compañerito que se le escapaba el pis yo lo reté y me miró con tanta comprensión que me dio vergüenza.
Me lavé por partes, no hay nada mejor que una ducha larga como las que me daba en el club; aspiré, había “olor a asco”, así decía Midbar cuando era chiquito y alguna comida no le gustaba.
Lila repite que no debo pensar cosas negativas, nadie; Lila tiene lindo el nombre, no la quise al principio y tampoco después cuando Midbar se pegó a ella y a su marido, ellos nos ayudan mucho... vos sabés que soy contradictoria.
Gasté bastante agua para sacarme el aloe del pelo, me refregué bien, como si la fuerza contra el cuero cabelludo pudiera aclarar las dudas. Me vestí con la remera verde y el pantalón de lona que me iba grande, el calor era de verano, no obstante, saqué la camperita de lana y la dejé en la silla; Mariana había dicho: “nos vamos con lo puesto”, entonces, la volví a guardar. Los movimientos me salían con dificultad por la sensación de temblor frío, era un sentimiento difícil de describir o quizás tan sencillo que las palabras se escabullían. Escuché un seseo y me asomé por la ventana, Eliseo barría el patio compartido, los otros departamentos tenían las ventanas abiertas. No se veía a nadie, diferente de otras mañanas cuando a esa hora salen todos. Solo el seseo insistente de la escoba, el ronquido suave de Midbar y el canto de un zorzal paradito en la acacia. Eliseo se detuvo y me preguntó si estaba bien"...

UN CUENTO PREMIADO





En 2009 participé con el cuento DELICIA en el VIII Concurso INTERNACIONAL DE CUENTO Y POESÍA que organiza EDICIONES DE LAS TRES LAGUNAS (una editorial de Junín, provincia de Buenos Aires).
La poco gentil DELICIA recibió una MENCIÓN DE HONOR y comparte espacio con los demás premiados en la antología de la foto.

Comparto el cuento:

DELICIA

-Delicia, te llama la señora-, le avisó la empleada nueva muy concentrada en el traje de gamuza beige que Delicia llevaba con soberbia.
-Se dice Su Señoría. Tenés que aprender cómo son las cosas, además de envidiarme la ropa-, dijo Delicia, mientras se cruzaba de piernas y prendía un cigarrillo.
La chica no habló pero cada dos minutos dejaba de escribir y la escrutaba por encima del monitor.
Delicia fumó despacio, abstraída. Deshizo la colilla, sacó un espejo de la cartera y se retocó el pelo. Después de guardarlo fue con paso hermético hacia el despacho de la jueza. Antes de empujar la puerta modificó su rostro, pudo borrar las intenciones ominosas que contra su voluntad le habían aparecido en la cara. Una delación. Fingió dulzura desde los labios hasta la frente.
-Disculpe, Su Señoría, entré sin pedir permiso porque estaba abierto, perdón por la espera, había ido al baño-, mintió. Ni bien la puerta estuvo cerrada, Delicia fue al escritorio de roble y apoyó las manos frente a la mujer bastante mayor que ella. El arrobamiento que Delicia le mostró no fue franco.
La jueza la observó. Ante ella, el rostro bellísimo que le despertaba el recuerdo de sus propios gemidos, de la noche anterior. Delicia era un espejo de sus ganas diferentes, nuevas. Sin moverse, la magistrada sobria murmuró:
-¿Nos quedamos hoy?
Delicia hizo una pausa estudiada y habló de otra cosa:
-Sé que mañana se lee la sentencia, ¿no podrías por esta vez, sólo por esta vez?...-, y sostuvo con fuerza la carpeta de “Belvedere contra Rancio”.
-¡Ya te dije que no, sería inmoral! Tengo pruebas, el culpable es él, me extraña, de verdad, me extraña...
Delicia pensó un momento e intentó con éxito un susurro firme y arrepentido:
-¡Por favor! ¿No creerás que yo...?
-¿Entonces, para qué insistís?
-Es que revisé de nuevo la foja 220 y sí, me parece que Irene Belvedere tiene responsabilidad y sería injusto que él pagara solo... Ya me había parecido cuando...antes...
-No, no, Delicia. Aquí no hay dudas. ¿Te espero hoy?-, se suavizó la jueza.
Delicia le acarició la mano y sin contestarle se fue pisando el silencio.
Ni bien cerró la puerta del despacho con debilidad firme, manoteó muy seria su cartera y se metió en el baño. Sacó el celular y discó de memoria.
-Ah, Delicia, ¿cómo van las cosas?
-Mal, no accedió, no quiere ni que le nombre el asunto así que... como te imaginarás, para hacerlo de la otra forma necesito más plata.
-¡Ni un peso!
-Con un veinte por ciento más arreglamos. ¿Querés o no querés quedarte con todo?
-Sí, por supuesto, la turra que vaya a laburar , bastante me sacó en estos años.
-Bueno, entonces lo que te dije.
-No entiendo por qué para hacerlo de la otra forma que ni sé cuál es, necesitás más guita, ¿o te pidió la jueza?
-¡Ni soñando, ella es distinta!, lo que pasa es que de esa otra forma no puede hacerlo cualquiera, yo sí, y entonces vale más que convencerla por las buenas.
-Sí pero en un principio...
-Mirá, Rancio, si querés que la sentencia te deje forrado a vos, pagá, sino, chau.
-El veinte por ciento y ni un mango más, ¿oíste? No sea que después...
-Vení mañana a las diez de la noche. No te olvides la chequera y confiá en mí.
Delicia guardó el teléfono y sonriente se fue.
A las seis volvió al juzgado. El vigilante de la entrada la saludó serio. El silencio era un convite que ella no se quería perder.
Su Señoría la esperaba desde las cuatro, iba y venía. Se había desprendido tres botones de la blusa. Los ojos le brillaban inquietos. Las ganas de que la noche anterior se repitiese le ardían el cuerpo. Cuando Delicia entró y se miraron, a ella, la mujer grande y sobria, los muslos le empezaron a latir y se le secó la garganta para que ninguna duda intentara un grito.
Delicia permitió que su nombre se convirtiera en un acto inefable.
La jueza quedó tendida sobre el sofá de cuero con los ojos cerrados. Delicia, arrodillada sobre la alfombra, alargó las caricias sin privarse y con la vista fija en la pared fue planificando la rutina para el día siguiente.

Cada vez que se preparaba para hacer las cosas de esa otra forma, la noche anterior no podía dormir. Estaba previsto así por las mismas leyes que le habilitaban el procedimiento: máxima concentración en lo que deseaba obtener, nada más. Ni comida, ni alcohol, ni descanso. Llegó a su casa, preparó café fuerte, se puso el pijama de seda y se acomodó en su estudio. Las plantas necesitaban agua, en otro momento. Tenían razón sus amigos, el gris de las paredes le restaba frescura al departamento suntuoso, último regalo de un cliente. Ahora sí podría decorarlo a su gusto. Se acarició las piernas, los pechos, los brazos. Después de releer las instrucciones que sabía de memoria veló la noche. Antes de la madrugada vio las imágenes: el cambio del fallo, la plata para ella, mucha, y algo del tipo también, por qué no. Rancio, ordinario, fornido, ojos verdes saltones, un sabroso bocado, temperamental, Rancio.
Eran las seis y media cuando entró en la ducha. Su cuerpo iluminó la mañana de agosto. Sintió que llovía. Sintió placer por todo. Jabón líquido, esponja vegetal, cremas, el perfume caro, el traje azul, la otra forma, los resultados. Envuelta en el toallón blanco se miró en la nube del espejo. Lo aclaró con la mano. La lozanía de su cara, a pesar de no haber dormido, no la tomó por sorpresa. En esos momentos previos, el tiempo y los hechos parecían detenerse. Nada la afectaba.
A las siete y media llegó a la oficina y saludó con fingida franqueza. La empleada nueva le contestó boquiabierta sin sacarle los ojos de encima.
Delicia entró en el despacho de la Jueza y deslizó un “buen día”. Ya estaban todos acomodados. Les habían servido café.
Rancio vestido de negro, la interrogó en silencio.
Su Señoría la siguió con la vista.
Delicia caminó lentamente y se ubicó al costado derecho de la jueza.
Hubo lecturas y sonrisas. Disimulo y sarcasmo. Irene Belvedere con vestido estampado en violeta y naranja observaba. Tenía apariencia de reina venida a menos pero que no se ha dado cuenta. Lo caro, a la vista, y también el contraste en la expresión de su cara. Apetito, lástima..
Delicia esperó un poco y cuando vio que faltaban solo segundos para leer la resolución, hizo un sencillo gesto con su cabeza y murmuró las dos palabras para la otra forma.. Una parte de su espíritu se desprendió fluida, invisible para los ojos comunes y penetró el cuerpo de la jueza y también las letras del fallo -que Su Señoría manoseaba con las puntas de los dedos desde el comienzo de la audiencia.
Le tocó el turno a la jueza. La espera y la ansiedad se dilataban. La lluvia latía sobre la ventana. La mujer se acomodó los anteojos y leyó con honesta seguridad la sentencia que, ahora, beneficiaba en todo a Rancio.
-¡Su Señoría no entiendo, él tiene la culpa! ¿Esto es la justicia? ¡Por favor! ¿Me quedo sin nada? ¿Yo, que lo banqué sabiendo lo que hacía...?¡Qué locura! -, se sacudía roja y furiosa en la silla Irene Belvedere y señalaba, con el índice repleto de anillos de oro, al antiguo marido.
Su abogada quería calmarla y, al mismo tiempo, se apuraba para detener a la jueza que ya se había parado sin contestar. Rancio estaba rígido, pasmado. Delicia, de pie, muy tranquila. La confusión aumentó cuando los abogados de ambas partes empezaron a gritar.
Delicia aprovechó la confusión y repitió –siempre en voz muy baja- las mismas palabras de antes. Mientras la jueza caminaba hacia la puerta metida en un trance inexplicable, un ensueño, Delicia hizo un gesto con las manos. Sin dilación, la parte de su espíritu prestada para la otra forma volvió a ella y se acomodó perfectamente en su lugar.
Delicia sonrió. La jueza se fue para el baño. El resto siguió vociferando un rato más hasta que el secretario y la empleada nueva los convencieron para que se fueran.
Esa noche Rancio le dio a Delicia un cheque por una cifra muy superior a la convenida. Después brindaron. Después Delicia empezó a desvestirlo.

MIS LIBROS PUBLICADOS 3




AHORA LA NOVELA


En 2006 publico:

UN LUGAR PARA LA SOMBRA, en la contratapa del libro digo:


“Desde su casa en el barrio de Caseros y desde el Hospital Militar Central, Laura inicia un nuevo recorrido.

1973 y 1974 son los años que acunan, para ella, el prodigio de sus cambios y también la víspera de un tiempo agónico, superpoblado de sombras. Un susurro deforme se va instalando en la Argentina y el 24 de marzo de 1976 se convierte en el grito que se adueña.

No obstante, Laura necesita ser parte de la realidad “de afuera”. Y entonces el narrador va y viene con ella. Le permite recorrer los tiempos para que la vida, toda, se filtre en su mundo.

Los recuerdos, el presente y el porvenir son, además, interlocutores que a través de diferentes recursos, dicen hasta lo innombrable, desvelan las formas heladas, acompañan a Laura en el viaje.



“Un lugar para la sombra”, palabras de una víspera. Nora Balarino

FRAGMENTOS:

“Entró al hospital por la puerta del costado para cruzar el jardín. A pesar de la escalera de laja, extensa y por eso difícil, no quería perderse las plantas llenas de flores y el césped prolijamente cortado.
Podría haber seguido por el túnel hasta el ascensor 1 pero de esa forma hubiera sido una llegada lúgubre. Iba con sus padres y tres amigos: Ana, Roberto y Alfredo.
A esa hora se internó. Era domingo, el último de abril de 1973.

Habían tomado el tren a las cinco y otra vez las ventanillas eran cuadros con sol; de nuevo el ritmo indiscutible pisaba los rieles y el olor a tren, mezcla de plástico, tierra y algo más, se imponía, característico.
Enfrentaron asientos y conversaron ellos cuatro; del otro lado del pasillo, los mayores.
Laura se reía de los comentarios de Roberto. Ambos continuaban el incipiente juego amoroso iniciado un tiempo atrás.
Pasó el guarda y picó los boletos de cartón. Blanco el de ella; amarillo casi naranja y blanco los restantes porque incluían el regreso. Ella sacó un Blony, lo desenvolvió, leyó el horóscopo y se lo puso entero en la boca. Enseguida ensayó un globo enorme y lo deshizo con la lengua satisfecha. Roberto la miró con ternura y escasa decisión para darle un beso...”


"...Esa tarde del 20 de Junio de 1973 en el Hospital Militar Central, las corridas eran feroces. La orden de desocupar camas se cumplía. Cantidad de personal armado cuidó el establecimiento y se comentó que había posibilidades de que bombardearan la institución. Nunca se dijo de dónde vino la alerta. Laura se enteró y tuvo miedo porque no podía correr, ni caminar. Ella no lo dijo.

El 21 amaneció muy frío y a pesar del retorno a la actividad normal, los tacos se desplazaban con mayor suavidad por el pasillo helado.
Laura pensaba que la vida es como un espiral, de nuevo lo de antes con un agregado o una ausencia. Tenían que volver a operarla para poner las cosas en su lugar. Él estaba cada vez más lejos y Roberto había venido a verla dos veces. Si bien con él habían empezado un flirteo cuando fueron a la fiesta, en La Plata, a Laura no le gustaba y sin darse cuenta seguía el juego para probar que Él ya no era lo primero. Además Ana, en las tardes de hospital, le había contado que la madre de Roberto no quería que él se arreglara con Laura, por su renguera.
-Claro, la vieja se cree perfecta, y Roberto es buena persona pero la madre, una arpía. Lo domina-, fue el comentario de Ana.

Laura necesitaba saber si a pesar de su problema físico era capaz de provocar algo más que amistad en un hombre...”

“...-Me acordé del miedo y si me preguntaban a qué, desconocía la respuesta. Tal vez al lugar para la sombra, aledaño al quirófano; a la infección; al momento previo a la anestesia cuando el anestesista con sonrisa de delfín, apretaba el lazo eficiente y las venas se salían de su camino para que todo fuera más fácil; al momento de empezar a soñar otra vez volviendo de la nada. No sabía.
En el tiempo de afuera también el miedo se desparramó como una gota de veneno y nos fue impregnando hasta quitarnos el habla. Hincó tan profundo que aún hoy el simple hecho de firmar un petitorio o recibir alguna llamada telefónica extraña despierta al gigante. ¿Qué es lo que se desvela, los terrorismos, las circunstancias, los auspiciantes, el fin que justifica los medios, la falta de amor?-, Laura me miró desconcertada.”

"...En el 73 y 74 pasaban cosas afuera del hospital militar central y adentro de mí, otras, disímiles, como si tuviera dos vidas. El 24 de marzo de 1976, cuando mi papá me trajo un mate a la cama y me dijo que no podría comenzar el profesorado porque habían subido los militares, y agregó que menos mal, porque Isabelita estaba destruyendo el país; y que ellos impondrían la paz y el orden; paradójicamente empecé a reconstruirme, a sentir que lo de afuera también vibraba adentro y ¡basta de que es cosa de la política y yo no tengo nada que ver, total a mí eso no me va a pasar! Al enterarme de lo que sucedió después, entendí esa especie de temblor frío que me vino enseguida de la noticia y que mis padres y un médico atribuyeron a la desilusión por no empezar la carrera ese día.
Ahora que por fin tengo los tiempos unidos y en consecuencia una sola vida, ahora quisiera contestar la vieja pregunta con mi cuerpo de hoy que abraza al otro para transmutarlo y que deje de doler. No puedo. El reclamo sigue. Intento responder y entonces las cicatrices del cuerpo de afuera me hacen doler las mías aunque parezcan cerradas. Mis heridas se reflejan en el otro cuerpo, cada corte es un grito afuera, cada rasgo de una puntada es un rostro perdido..."

MIS OBRAS PUBLICADAS 2



EL SEGUNDO LIBRO


En 2004 nace ¿ALFENIQUE?, mi primer libro de cuentos infantiles.

El personaje es un fantasma que huele a bizcochuelo de vainilla. La idea surgió a instancias de una maestra de ciegos (amiga personal) que me pidió un cuento para sus alumnos donde intervinieran otros sentidos además de la vista.

Esta publicación, auspiciada también por la Oficina Municipal de Letras de Tres de Febrero fue destacada de Interés Municipal por el Honorable Concejo Deliberante.

Comparto un fragmento de : UN FANTASMA QUE NO ERA VALIENTE

“Una noche de verano mientras Julieta se ponía el pijama, escuchó silbar al viento entre las ramas del pino. Se acercó a la ventana y miró para el jardín.
Estaba oscuro y no había muchos ruidos pero ¡qué sorpresa tan rica!: un exquisito aroma a bizcochuelo de vainilla le hacía cosquillas en la nariz.
Aunque el aire caluroso la despeinaba se quedó quieta, apretó los ojos y se imaginó un enorme postre.
Así estuvo un rato hasta que el perfume a torta inundó completamente su dormitorio.
Suspiró fuerte, miró a su alrededor y ¿qué vio?: un fantasma apoyado contra la pared la miraba horrorizado. Tenía la cara redonda y un montón de rulos rojos le caían a los costados.
Julieta empezó a aplaudir y a reírse a carcajadas. Era la primera vez que veía un fantasma.
-¿Por qué estás tan asustado?-, le preguntó un poco burlona.
-Por vos-, contestó temblando- Siempre me leyeron cuentos de nenes y nenas pero nunca los había tenido tan cerca.
-¿Cómo me ves?-, dijo Julieta arreglándose el pelo.
- ¡Linda, muy linda!, pero me das miedo.
-¿Yo te doy miedo?, si siempre fue al revés, somos nosotros los que nos asustamos con los cuentos de fantasmas.
Él no contestó.
-Vení, sentate acá-, lo invitó Julieta mostrándole un banquito azul. -¿Cómo te llamás?.
-Alfenique ¿y vos?-, se animó el fantasma.
-Yo soy Julieta y vivo acá. ¿Vos tenés casa?
-Mi familia y yo vinimos para Navidad con el viento Querencio y nos quedamos en las ramas del pino-, contó el fantasma un poco más tranquilo.
-¡Ah!, con tu familia-, repitió Julieta abriendo mucho los ojos.
Muy pero muy de a poquito, Alfenique empezó a entrar en confianza y habló de su hermana y sus papás. En un momento, sin dejar de curiosear para todos lados, preguntó:
-¿Tenés muchos amigos?
-¡Uf, un montón! ¿Y vos?-, contestó ella acomodándose en el suelo bien cerca de él, así de paso lo miraba mejor.
-Yo también-, sonrió Alfenique orgulloso.
-¿Son todos fantasmas tus amigos?-, se apuró Julieta.
-Sí... sí, hasta ahora-, respondió él dejando ver sus manitos celestes al subir los hombros como diciendo ¡qué se le va a hacer!
-¡Tenés las manos celestes, nene fantasma!-, gritó Julieta asombradísima.
-Sí y también los pies y la lengua-, explicó él con un poco de miedo.
-Eso no importa, ¿querés que seamos amigos?-, propuso ella dándole su mano.
-¡Sí, me gusta!-, afirmó suavemente el fantasma estirando su brazo pequeño.
Justo cuando se estaban saludando, sonó el reloj cu-cú y como siempre ladró Gervasio. De nuevo Alfenique se asustó y corrió a encerrarse en el armario.
Las carcajadas de Julieta despertaron a su mamá, entonces ella se rió más bajito y murmuró:
-Vení, no te asustes, es mi perro, sigamos conversando...”

sábado, 28 de agosto de 2010

MIS LIBROS PUBLICADOS



EL PRIMERO:
TODAVÍA ES DE NOCHE (Cuentos y relatos) nació en abril de 2003 inaugurando los auspicios de la Oficina Municipal de Letras de Tres de Febrero.
La tapa la diseñó un artista amigo Gabriel Vañek que interpretó a la perfección mi sentir sobre los signos musicales muy ligados a la escritura en mi primera infancia.

Copio un fragmento de LA CASA DE ISABEL, uno de los relatos:

...“A las cuatro aparecía Isabel con su abuela, como el gong que marcaba el final de la clase sonando al unísono con el tañido del reloj de pared. Inés, luego de hacer las últimas indicaciones, desaparecía detrás del cortinado de brocato que separaba el living del comedor. La fiesta comenzaba sin importarme el pasado y menos el futuro. La abuela con el corsé apretado delineando su figura delicada, ponía las manos blancas sobre el piano, marcaba el ritmo con el pie y los valses alemanes de su juventud subían más allá de las nubes, mientras nosotras bailábamos levantándonos la pollera con la punta de los dedos, imitando a las damas de las ilustraciones de los libros de cuentos. A veces la pianista octogenaria se acomodaba los anteojos y aprovechaba para relatar alguna anécdota graciosa y entonces, cuando volvía al teclado, otro vals surgía de su memoria, quizás evocando ilusiones de antes.Cuando la madre de Isabel nos llamaba desde la cocina impregnada con olor a torta en el horno, dejábamos la fiesta, casi siempre protestando y nos instalábamos en el comedor de diario para hacer la tarea./ Isa me explicaba los problemas de Matemáticas que a mí me costaban y después calcábamos los mapas con plumín y tinta china. Si no había mapas terminábamos más rápido y nos íbamos a jugar alrededor de la casa infinita.
No salió nadie -quizás esté deshabitada- pensé, aunque los rosales florecidos y la tierra regada no lo confirmaban. Toqué otra vez y esperé.
A las seis, la abuela nos llamaba a tomar el té. A veces en invierno era casi de noche con lo cual la infinitud de la casa se volvía fascinante porque semejaba una gran mansión sin límites visibles que contenía abuelos, hermanos, habitaciones enormes, un perro salchicha, un auto y sobre todo el misterio fantástico de las travesías desde y hasta donde yo quisiera recorrer, sin preocuparme por la sombra de la noche que invadía el juego.
La ceremonia del té no era la de una merienda común. Se encendían todas las luces del comedor, un enorme mantel blanco caía largo sobre la mesa de caoba, la abuela de piel blanca vestida de negro traía la tetera caliente y ocupaba la cabecera más cercana al pasillo, porque la otra pertenecía al abuelo. Ponían sobre la mesa una bandeja con jamón y queso, una con pan tostado, el plato grande de porcelana inglesa verde con torta de manzana o bizcochuelo recién enfriado, las tazas y las cucharitas, la azucarera, la lechera y la dulcera de cristal con mermelada brillante de naranja.
La familia se sentaba en sus lugares y nosotras, siempre juntas, no parábamos de cuchichear. A pesar de la formalidad de los preparativos que le imponían seriedad a la circunstancia, una vez que todos desdoblábamos las servilletas almidonadas sobre la falda, transitábamos una de mis travesías favoritas: casi sin darnos cuenta rompíamos el acartonamiento con movimientos suaves llenos de tintineos de porcelana, migas de tostadas y charla risueña.
Alrededor de las siete me venían a buscar, era el momento en que, de común acuerdo, Isa y yo franqueábamos la verja y jugábamos un rato en la vereda mientras nuestras madres hablaban.
Después de tanto esperar se abrió la puerta de madera. Apareció una mujer no muy alta y detrás de ella las dos nenas de nueve o diez años que, sin tomarme en cuenta, huyeron corriendo por el caminito. La mujer me preguntó qué necesitaba y no pude responder, balbuceé que me habían dado mal la dirección y enfrenté una travesía: crucé la calle para alejarme y mirar. Desde allí vi a las nenas jugar a la escondida en la eternidad de la tarde, daban la vuelta manzana hasta perderse; una de ellas peinada con dos colas de pelo largo, corría con esfuerzo y rengueaba al caminar pero no paraba de reirse. Al terminar la sexta campanada lejana del reloj, la abuela de Isabel, vestida de negro, las llamó a tomar el té.

viernes, 27 de agosto de 2010

A PARTIR DE HOY PODRÁN VER MIS ARTESANÍAS



Tantas veces mi amiga Patricia Rolón me dijo que debía mostrar mis artesanías y su idea se hace realidad. Comienzo con esta batita de la segunda medida (para tres a cinco meses)tejida al crochet con lana y seda.

PARA LEER Y SENTIR EN SILENCIO


ESTE ESCRITO VIENE DE CRISTINA DI MARTINO, QUIEN ME INICIARA EN SÍMBOLOS DE LUZ.

UN ABRAZO PARA TODOS

Mensaje original canalizado por Cristina Di Martino
Mensaje recibido el día 25/7/2010 en el 4 Peldaño de Simbolos de Luz


Yo, Babaji, estoy aqui.
Quiero que cierres tus ojos para que sientas
Mi vibración, es de puro Amor
y solo el Amor es el que emana en este lugar sagrado.
Yo manifiesto Presencia de Amor Lumínica,
porque esa es la manifestación más alta de Dios.
Vengo a explicarles que Dios está esperando que todos regresen a El,
Dios está esperando la Unidad
de Todo lo que Es en ti,
Dios está esperando que solo exista la más Alta Luz dentro de ti,
que nada de lo que no manifiesta Luz exista en este plano Divino de la existencia humana,
Pero queremos decirles que todo es un juego,
es el juego de la dualidad que está terminando.
Uds., como Guerreros de la Luz,
están jugando este juego
que se terminará cuanto más rápido Uds. lo quieran.
La dualidad se terminará y solo la Luz estará
en cada partícula del Ser viviente
y en cada partícula del ser no viviente,
Dios Padre Madre no juzga por lo que has sido,
solo quiere que ahora seas Luz
y que sientas que la Chispa Sagrada, que El a puesto dentro de ti,
se expanda dentro de tu ser.
Por eso vibra solo en Luz,
en la Luz más Alta de Dios,
y si hay alguna manifestación contraria,
envuélvela en Luz
y asi se transformará.
Tu tienes herramientas sagradas
para trabajar,
porque solo la Luz de Dios más Alta
debe existir.
Hoy amamos tu Espiritu Sagrado y Divino,
porque eres Luz en este camino,
porque el camino está lleno de Bendiciones y de Amor,
porque ahora eres un guerrero teniendo la Luz de Dios dentro de ti.
Solo imagínate caminando por las esferas terrestres dentro del plano humano
siendo un Faro de Luz e Iluminando
y asi será.
Yo te bendigo y honro cada trabajo de Luz y Amor que hagas en la Tierra.
Amen.

martes, 24 de agosto de 2010

FUI A CONTAR CUENTOS AL JARDÍN DE EMILIA



FUI A CONTAR CUENTOS AL JARDÍN DE INFANTES “MUNDO NIÑO”

Alfenique, escondido en la valija rosa de su amiga Julieta, fue el tema del cuento que los chicos de dos, tres y cuatro años escucharon sentaditos en el suelo. El recibimiento de ellos, de las maestras y de Miriam –la vicedirectora-, fue cariñosísimo y dulce como todas las veces que me han invitado.
Si tuviera que hablar de la felicidad diría que ver el rostro asombrado y atento de Emilia –mi sobrina de tres y sus compañeros- puede muy bien definirla.

miércoles, 18 de agosto de 2010

ESTAR CON TELMA


Hace treinta años que soy amiga de Telma, en consecuencia venimos compartiendo los saltos de las olas que debido a la marea pueden ser suaves arrullos o tenaces agresores, pero siempre está presente la hermosura de nuestra relación de amor verdadero. No romántico, es el amor que nos une como personas, del que venimos y al que vamos, el mismo Hilo que va de uno a otro.
Entonces estar con Telma es encontrarme, y no porque pensemos igual en todo, es hablar con una imagen especular de mí misma y descubrir, también, mis palabras ocultas.
Pasamos un hermoso domingo en su casa, templo apropiado y feliz que su gato Lolo completa.
GRACIAS, TELMA.

miércoles, 11 de agosto de 2010

MARÍA DEL CARMEN SANDOVAL ES MI PRIMA

Mary es Licenciada en Servicios Sociales y comentó mi última nota sobre la sanación:

Ella dice:

Querida Nora, acuerdo plenamente con vos. Quien focaliza solo en curar una enfermedad, corre el riesgo de dejar de lado al enfermo, unidad integrada de físico, psiquis, espíritu y entorno social. La persona necesita ser considerada en su totalidad para

alcanzar la sanación. Tu palabras de artista lo dicen con belleza y también con la certeza de quien lo ha experimentado.

El dolor se alivia con analgésicos, el sufrimiento en cambio, necesita del compromiso y la compasión de quien puede curar “a veces”, aliviar “a menudo” pero debe cuidar “siempre”.

lunes, 9 de agosto de 2010

LO QUE PUEDE UN LIBRO




“¿Puede cada uno de nosotros, que es el resto de la humanidad, que es la humanidad, mirar un hecho muy simple? ¿Observar, ver, que el pensamiento y el tiempo son los factores que dan origen al miedo? Entonces, la percepción misma es acción. Y, a partir de ahí, uno ya no depende de nadie. Véanlo muy claramente. Entonces uno es un ser humano libre”.

Fragmento del libro SOBRE EL MIEDO de KRISHNAMURTI

En mi último artículo hablé del miedo. Es una realidad que me ha preocupado por su forma pegajosa de prenderse y las dificultades que ocasiona sentirla, saber que está latente.
La terapia psicoanalítica no pudo con ella pero sí me abrió la conciencia para llegar a estas lecturas. Hoy finalizo el libro y siento que por fin encontré el espacio justo para liberarme del engorroso miedo - “estructural”, según el decir de mi terapeuta.

jueves, 5 de agosto de 2010

EL SABER NO ES ESTÁTICO


La compasión potencia el saber:




Hace unos meses, compartiendo con mis primos una riquísima paella hecha por Ricardo, uno de ellos, se planteó en la reunión si considerar al paciente como un ser humano con sentimientos y circunstancias y no solo un órgano enfermo, influye a favor de la curación. Puntualmente forcejeamos la idea de si el médico debe considerar todos los aspectos que pueden estar afectando a un otro-paciente.
Ricardo opinaba que este proceder desfocalizaría la búsqueda del profesional cuya tarea es hallar, indefectiblemente la cura –posición que respeté sin compartir.
Hoy visité a mi Oncóloga y confirmé una vez más, después de cinco años de tratamiento, que la compasión potencia el saber y nos empuja a restablecer el equilibrio para encontrar la sanación.
María es una excelente profesional que desde un principio se interesó por mi actividad de escritora y mis relaciones familiares, quiso saber adónde estoy parada, quién me rodea, cómo es mi vida y aún lo hace –además de revisarme, ver los estudios y anotar en la carpeta. Ella supo en un momento cambiar una medicación para evitar una cirugía innecesaria que el pánico de un médico le obligaba a prescribirme, María lo hizo porque sabe de medicina y además conoce mi historia de muchas operaciones debido a la luxación congénita.
Y aquí aparece el MIEDO que nos produce tanto miedo llevándonos de las narices. ¿No será que ya es hora de no dejarnos más dominar por él?

Vuelvo al tema principal de este escrito y les digo que necesito compartir la experiencia y las conclusiones y contarle a Ricardo que se pueden conciliar los saberes, que es mucho más productivo que el médico vea más allá del vademécum y los protocolos y por encima de todo que la compasión sea el motor que lo guíe.

Con respecto al MIEDO, estoy leyendo el libro “SOBRE EL MIEDO” de Jiddu Krishnamurti, es alentador, maravilloso.

UN ABRAZO A TODAS LAS MARÍAS ONCÓLOGAS, Y DE TODAS LAS ESPECIALIDADES MÉDICAS Y NO.
HASTA PRONTO