miércoles, 16 de noviembre de 2011

DOS CUENTOS PREMIADOS




LA ASOCIACIÓN CIVIL DEL PERSONAL SUPERIOR DEL BANCO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES PREMIÓ DOS DE MIS CUENTOS EN UN CONCURSO.

GRIS GRISELDA tiene una PRIMERA MENCIÓN y

ENTONCES,¿QUIÉN ES HUGO?, el PRIMER PREMIO.

La emoción enmarcó el acto que con tanta gentileza y excelente disposición llevaron a cabo los organizadores.

Comparto con ustedes mis cuentos:

GRIS GRISELDA

Dice Griselda que terminó de acomodar los platos de la noche con el eterno zumbido del lavarropa y el ladrido de los perros que se criaban adentro. Pasó por el comedor descascarado desde el techo, atravesó la puerta-ventana y al pisar el diminuto patio infeliz con las sogas esperando sintió algo raro y se dio vuelta. Miró para adentro y el aliento se le detuvo en la garganta, una realidad inquietante irrumpía en su vida. Ella, que tenía la costumbre de añorar lo que no tenía se vio en otro mundo. Servía a su familia pero el entorno era luminoso, sin los pelos de los perros que Él, su marido, había recogido de la calle y ella cuidaba, sin el desprecio gastado de la mirada de ese hombre que una vez la había querido ni las cartitas de amantes mal escondidas ni el apodo “Gris” de cada mañana cuando Él la despertaba para liberar su apetito de macho rudo.
Dice Griselda que permaneció un rato anclada en esa imagen nueva, después observó lentamente el lavarropa, la pileta, los broches percudidos y pasó a su figura agrietada que le devolvía el vidrio de la puerta en ruinoso contraste con la mujer sonriente del otro lado. En eso el teléfono llamó y ella entró pensando ¿y si lo dejara sonar? Atendió a su preciada hija mayor y de nuevo aceptó cuidar a las mellizas pese a todo lo que le faltaba terminar y empezar. La diferencia fue que esta vez dio un suspiro fuerte entre la S y la Í. Arrebatada por el pedido imperioso de la rubia Melania le dio de comer a los perros, peló las papas para la noche y presa en el recuerdo de lo que había visto no resistió la inquietud y corrió al patio. Comenzó a tender la ropa girando la cabeza hacia adentro después de cada broche hasta que se descubrió, sí; encantada como en el encanto de los cuentos felices ponía rosas en el jarrón, Él acomodaba los platos en la mesa, y Ornella –la hija del medio, la morochita sin gracia parecida al padre, la anterior a los dos varones que desde hacía mucho se emborrachaba– se veía sobria, tranquila y más linda.
Dice Griselda que se refregó la cara y lloró acariciando el vidrio con los puños y que ahí los perros ladraron sumisos, a lo mejor cómplices de sus ganas de pertenecer a esa realidad al alcance de la mano y al mismo tiempo lejana. Tenía que dar más de un paso si la quería agarrar. Lucas, el paseador de los perros, se lo repetía diariamente después de escuchar sus quejas “la solución está adentro suyo”.
Decidió ducharse sin escatimar ni agua ni shampú ni crema, se puso la mejor ropa y cuando llegó Lucas para retirar a los animales le dijo que desde ese momento ella se encargaría porque necesitaba ahorrar. Se despidieron, él con una sonrisa que la sorprendió y ella con un “hasta pronto” que le salió sin pensar.
Dice Griselda que a partir de entonces asumió en secreto las tareas por las que igual le hacía pagar a Él –cada vez más ocupado con sus amores ya ni siquiera ocultos, además del trabajo–. Vendió las pocas alhajas heredadas y acumuló billetes con meticulosa y renovada paciencia en la cajita con euros que le dejara la abuela. Si bien no pudo querer más a Ornella trató de escucharla y por eso la chica se pegó a ella convirtiéndose en una agradabilísima compañera. Los varones, Él y Melania siguieron en sus carriles sin ver nada más que lo propio. No obstante a ella todo le parecía de otro color a medida que el contenido de la caja crecía y la idea de escaparse tomaba forma.
Dice Griselda que al regresar una tarde con Ornella y los perros se toparon con dos muchachones que saltaron corriendo por la ventana de su pieza con sendas bolsas repletas. Ella les gritó desesperada hasta desgañitarse mientras Ornella llamaba al 911 y la sostenía en un abrazo fuerte.
Les llevaron mucho, también la caja de los ahorros que parecía ser para ella la única llave de su liberación. Esa noche se fue durmiendo despacio aferrada a su silencioso padecimiento del que también –se dio cuenta más adelante– esa noche y gracias al asalto y a la pérdida se lo pudo arrancar de encima y de adentro.
Dice Griselda que cuando uno descubre la posibilidad de elegir “otro ramal” –como le insistía Lucas en cada charla– la falta de plata no es una barrera, que hoy está segura de haber visto aquellas imágenes inventadas por ella misma fruto del sufrimiento que por fin le había estallado en la cabeza y en el corazón.
Dice Griselda que finalmente se divorció y obtuvo lo necesario para empezar –ella sabe que Él tiene mucho más a nombre de testaferros y no le importa–. Compró una casa chica con muchas ventanas frente a una plaza gigante llena de árboles y de pasto y de aire. Vive con Ornella –que está dejando el alcohol– y trabaja en el negocio de mascotas que instalaron con Lucas.
Todas las mañanas bien temprano se ve a Griselda y a Lucas que se encuentran para recorrer la plaza. Les gusta mirar el cielo ancho, respirar la luz del día que recién empieza y bendecir la vida. Esto también lo dice Griselda.


AHORA EL PRIMER PREMIO:

¿ ENTONCES, QUIÉN ES HUGO?


El sueño de esta mañana fue un aguijón, me despertó, no el calor o la luz sobre la cara sino lo que vi en ese mundo de imágenes que persisten.
Con los ojos entrecerrados palpé el lugar vacío de la cama, es esta costumbre que se aprieta al pasado y no me deja en paz. Quiero enterrar el recuerdo de Diego pero hoy se mezcla con la figura obcecada del sueño y las dos me dan picotazos de dudas y ansiedad.
Entré a bañarme sabiendo que era siete de enero. Tenía que ir antes de que el sol se deshiciera en el olor de los crisantemos; es su rabia la que apesta, la misma que me avivó Diego cuando me dejó.
Después del desayuno terminé de preparar el equipaje; la imagen del hombre y su entorno permanecían encimándose a la realidad. ¿Y si de nuevo mi sueño se cumple al revés? Hace unas semanas fue que venía un empleado nuevo y en cambio cesantearon a tres –en la vigilia–. Me pasa así desde los veinte cuando empecé a sentir la tiranía de mi familia que yo no sé parar. Pero aquel siete de enero –fecha de la muerte del profesor– yo tenía dieciséis y el absurdo de los reveses premonitorios no existía.
Aunque el micro sale a las siete de la tarde, igual me apuré, no quise aplazar los preparativos porque vendrá el llamado de mi hermana en el último minuto y el de las chicas del banco que nunca saben cómo hacer. Quisiera salirme del tedio, de lo repetido. Tomé un taxi a las nueve y por décimo año fui al camposanto –como decía mi abuela– a la tumba del profesor buen mozo a encontrarme con Chiquita, su mamá. Mientras me acomodaba en el auto observé al conductor con ganas de que fuera el Hugo del sueño, el que en una confusión de flores blancas repetía ese nombre. Atravesamos el tránsito denso entre acordes latinos que oí lejos porque lo único audible en mi cabeza era la necesidad de que lo soñado se cumpliese del derecho y que un Hugo viniera a mi costado.
Compré un ramo de clavelinas rojas y enfilé hacia la tumba, tropecé con las mismas baldosas y repetí la puteada. Chiquita no estaba. Me calcé la sandalia disparada por el envión y puse las flores en la foto. Recordé el velorio repleto de crisantemos amarillos donde se decía que unos ladrones... y nada más, ninguna aclaración de los murmullos turbios y ni una palabra sobre esa otra muerte, la del ex alumno de diecinueve años ocurrida la misma noche.
Un siete de enero buscando con una amiga el lugar de su abuela descubrí el retrato y a Chiquita sentada en el banco que le presta el cuidador hablándole enérgica a la tierra. La interrumpí con un grito de llanto –imparable y medio fuera de lugar– la abracé sin remilgos y se me vinieron encima la adolescencia, los sueños al revés, el abandono de Diego, el trabajo rutinario, el hartazgo, el calor de enero, las vacaciones que me impongo, la familia... y yo misma encerrada e indecisa. Cuando me recompuse le expliqué a la viejita asustada quién era.
Desde entonces nos encontramos cada siete de enero a charlar y nunca mencionamos las verdades sepultadas.
Miré la hora, la paciencia me empujaba y Hugo-figura repetía ¿para qué? con una voz de sueño que aún me late sin sonido en el centro del pecho.
Di la vuelta y tropecé en el mismo lugar pero esta vez caí de rodillas frente a Chiquita y al hombre que la traía del brazo, me levanté algo confundida y tartamudeé un saludo que quedó incompleto cuando le vi la cara, ¡era Hugo!
–Soy el sobrino de Chiquita, ¿te duele?–, y extendió la mano.
Respondí pasmada con un apretón fuerte.
Chiquita me dio un beso y se adelantó, nosotros nos quedamos detenidos en la mirada, yo fría pese al calor.
–¿Tomamos algo después?, ahora mejor la acompaño–. Propuso atrevido y me gustó porque me mordía por saber si era Hugo, si el sueño se estaba cumpliendo al derecho. ¿Sería una señal para despegarme de lo viejo?
Acepté. Viene dentro de diez minutos y me acompaña a la terminal. Transpiro, el sueño y la vigilia se superponen, tomo un mate y otro, ¿y si no es Hugo?, suena el teléfono, no atiendo, apago el celular, ahora es el timbre, me cuelgo la cartera, empujo la valija y abro. Es él, sonriente me da un ramo de crisantemos amarillos con aroma a verano dulce.
–Hola, soy Juan Gabriel, hoy no te lo dije...
–¿Entonces quién es Hugo?–, me arrebato disimulando la decepción.
–¿Ah, sabés la historia?, sí, en la familia todos me llaman Hugo, cuando nos sentemos te cuento por qué.
Juan Gabriel sube la valija y no bien me instalo a su lado con las flores sobre la falda veo sólo esta realidad y siento que pase lo que pase las ataduras han comenzado a deshilacharse, tal vez por este sueño que se cumplió al derecho o quizás por los crisantemos amarillos que ahora huelen distinto.

miércoles, 5 de octubre de 2011

SOY FINALISTA EN EL CERTAMEN DE ACIPESU


LA SEMANA PASADA RECIBÍ UN GRATO LLAMADO: "TIENE QUE VENIR EL 12 DE OCTUBRE PORQUE ES UNA DE LOS CINCO FINALISTAS" Es el instante y las palabras que uno espera cuando participa, porque lo que más queremos los escritores es que nos lean.

Veremos cuál es el resultado, de todas maneras haber llegado ya es un premio.

Después del 12 compartiré con ustedes los dos cuentos que envié al certamen.

lunes, 23 de mayo de 2011

NACIÓ TOBÍAS Y ESTRENÓ LA BATITA QUE LE HICE



Tobías es un bebé de la familia, es el nieto de mis primos Ana y Beto, hijo de María Sol y Federico, Tobías durmió en mis brazos al cumplir sus primeras veinticuatro horas.

La abuela me contó que lo vistieron con el saquito de lana bebé matizada que le tejí. Para esta ocasión fabriqué también la bolsa de regalo.

DETRÁS DE LOS ÁRBOLES DORADOS




Aquí está la foto de la novela.

Ha comenzado su camino con un hermoso resportaje de Daniel Gonaldi y Gabriel Rivas en EL BONDI CULTURAL (FM ZÍNGARA DE CASEROS), va por las librerías y tiene lectores.

jueves, 24 de febrero de 2011

YA NACIÓ

DETRÁS DE LOS ÁRBOLES DORADOS, mi segunda novela ya duerme en casa.
Fue muy grande la emoción al verla, ahora va conmigo por el resto de nuestras vidas, y parece mentira que las palabras estén allí diciendo, ajenas a mi voluntad, lo que ellas eligen de acuerdo a quién las lea.